El poeta

•enero 26, 2009 • Dejar un comentario

 

II

Saeta que voladora

cruza, arrojada al azar,

y que no se sabe dónde

temblando se clavará;

hoja que del árbol seca

arrebata el vendaval,

sin que nadie acierte el surco

donde al polvo volverá.

Gigante ola que el viento

riza y empuja en el mar

y rueda y pasa y se ignora

qué playa buscando va.

Luz que en cercos temblorosos

brilla próxima a expirar,

y que no se sabe de ellos

cuál el último será.

Eso soy yo que al acaso

cruzo el mundo sin pensar

de dónde vengo ni a dónde

mis pasos me llevarán.

 

 

Este poema es el que, dentro de la obra Rimas del ya emblemático Gustavo Adolfo Bécquer, ocupa el segundo lugar. Un poeta plenamente romántico, aun siendo tardío, conocido sobre todo por sus poesías, de desamores tan profundos y capaces de identificar a cualquiera que vague perdido por su universo. Su vida, y su obra, estuvo marcada por el amor y el posterior abandono de Julia Espín, pero esta rima seguramente la escribió antes de que todo sucediera ya que se limita a describirse, comparándose con diferentes elementos.

Con estos versos pretende mostrar al poeta como un ser libre, una alma diferente al resto, que no encuentra su lugar, lo busca pero quizás no lo halle nunca.

Su estructura es regular, sus versos octosílabos se disponen delicadamente en cinco estrofas de cuatro versos cada una, con una disimulada rima asonante en los pares.

Bécquer se compara con todo aquello que no tiene rumbo, que nace, sí, pero que no sabe dónde yacerá. Igual que una flecha, que intenta conducirse hacia algún lugar pero no se sabe con certeza si alcanzará su meta. Dichosa la hoja de un viejo árbol, dichosa la ola, que el viento maneja a su antojo y se dejan llevar de un lado a otro. Ése es el poeta, que aun estando en un mismo sitio, su alma viene y va y se pierde, se encuentra y se desvanece para aparecer con más fuerza o, por el contrario, disiparse. Es un ser sensible, cualquier cambio puede provocar en él una agonía, la más profunda. Siente y, en ocasiones, lamenta sentir demasiado. Sus impulsos son los que le alumbran el camino, con una luz incierta. Todo a su alrededor es enigmático, lo único seguro es la propia muerte, que muchas veces es anhelada profundamente ya que es la última e única salvación.

Todas las palabras sobran cuando se habla de Bécquer, las suyas bastan. Sus versos son los únicos que pueden reflejar todo lo que él sentía, una agonía sorda. El poeta no es un ser mediocre, no es como el resto, y así lo demuestra. 

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DEMENCIA

•noviembre 13, 2008 • 4 comentarios

Cuando pensamos en don Quijote de la Mancha, nos viene a la cabeza la palabra “locura”. Pero, ¿qué es la locura? Siempre asociamos este término a algo infame pero, la verdad es que, si don Quijote está loco, yo también quiero estarlo.

No podemos evitar vivir en este mundo, y tampoco ser esclavos del tiempo que nos ha tocado, pero no por eso tenemos que conformarnos y ser todos unos soldados, desfilando uno tras otro, a la misma velocidad y sin poder irnos de las filas. No podemos limitarnos a sobrevivir y aceptar esa absurda monotonía que corrompe nuestras almas día tras día.

Don Quijote ha creado su propio mundo porque el que hay le impide ser el héroe que él cree ser. Vive entre magos y encantadores, reyes y princesas, las más hermosas damas y los más terribles gigantes; lucha para que todas las personas puedan ser libres, y que la justicia y la bondad sean los ideales que venzan en todos los reinos, sean los que fueren.

Hay, también, ésos que no pueden entender a don Quijote y hacen lo imposible para que vuelva a su aldea y se olvide de todo lo que ellos creen que le hace perder la cabeza. Lo cierto es que los demás no saben que esta demencia que asedia cuerpo y espíritu, es la que da entendimiento a su existencia, es la que inquieta a su persona.

Yo, como el tan ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, me resigno a ser un peón más entre la multitud. He intentado luchar contra el poderoso dictador, el tiempo, aunque sin resultado. Así pues, he querido que mi mundo no sea como el de los demás. Vivo en mi mente más que en la propia tierra, no me importa que la quimera de mis sueños supere a la realidad porque cada uno vive la suya propia y ésa es la única que podemos elegir nosotros mismos, que podemos manipular, aunque hay demasiadas mentes perturbables.

La única y verdadera realidad es la que está en nuestra mente y permanece siempre, aunque no tan impertérrita, incólume, por estar expuesta a la contaminación ajena. Los demás intentan ganarte la partida, trocar tu identidad y, asimismo, cambiar también tu realidad, aunque que con Alonso Quijano no lo consiguieron hasta el último de sus días.

RESEÑA TEMA 3. “El cantar de mio Cid”

•octubre 8, 2008 • 1 comentario

Como todos sabemos (o deberíamos saber) El Cantar de mio Cid es el único poema épico en castellano medieval que conservamos en su totalidad (exceptuando unas pocas páginas que, aun omitidas, pueden deduirse). Es un poema anónimo que narra las hazañas de los últimos años de vida del caballero Rodrigo Díaz de Vivar. Hay diferentes teorías sobre su creación pero se sitúa entre el siglo XII y XIII.

El objetivo de este espacio no es el de resumir la historia, ni mucho menos, ya que ya lo han hecho muchos antes y si alguien está interesado en documentarse (aunque pueda parecer raro) encontrará muchas fuentes interesantes. De hecho, me gustaría adentrarme un poco en la vida del Cid y en la cuestión esa del “honor”.

Durante el reinado de Alfonso VI el Cid fue desterrado dos veces por malentendidos, mayoritariamente . El rey quitó al Cid todas sus propiedades y riquezas y prohibió a cualquier persona que lo ayudara. Entonces Rodrigo se fue, empezó a participar en batallas y salió victorioso de ellas. Con el fin de ser readmitido en el reino, envió las riquezas ganadas al rey, quien no tuvo más remedio que ceder.

El protagonista de la épica es un héroe que quiere aumentar su honor para así ser recordado como “el gran personaje ese que hizo tal y cual…y que derrotó a cientos…”, pero, ¿de algo sirve esto si tienes que rebajarte ante alguien que lo ha hecho todo para perjudicarte? Puede que yo tenga una concepción de la palabra honor un tanto diferente pero no entiendo como pudo entregar al rey todas las riquezas para que lo volviera a admitir en el reino. Sí, seguramente lo que quería era abrirle los ojos para que se diera cuenta de quién había sido expulsado, pero creo que después de haber conquistado media península podía haber seguido por sí mismo sin tener que dar cuentas a nadie. Pero claro, aquélla época está muy alejada de la nuestra y entre el señor y el caballero se establecía una relación muy importante, el vasallaje, en la que era imprescindible la fidelidad por las dos partes. El rey rompe su parte de la “promesa” pero el Cid siempre se considera vasallo suyo porque es un héroe, y, por lo tanto, actúa correctamente siempre (hay algún capítulo de la obra que es totalmente inventado, como, por ejemplo, cuando castiga a los infantes de Carrión por haber maltratado a sus hijas, con el que se quiere subrayar el valor del protagonista), nunca deja de ser fiel a su señor y deja bien a la patria a la que pertenece y por la que lucha.

 

WEBGRAFÍA:

El Cantar de mio Cid (Wikipedia)

Cid el Campeador (Wikipedia)